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← Volver a los cuentosANTES DE DORMIR
CUENTO PARA DORMIR · DE 4 A 8 AÑOS

Tessa y la manta de los cuentos

Una manta gastada, tres retales y un ratón de fieltro se convierten en un cuento tranquilo sobre elegir ayuda y hacer sitio para algo nuevo.

Leer el cuento
Tessa, la ardillita roja, y su abuela descubren un pequeño agujero en una manta azul verdosa con hojas

Un trocito de cielo

Tessa llevó su manta favorita a la mesa de la casita. Era azul verdosa y tenía pequeñas hojas verdes que parecían susurrar al sacudirla. Le gustaban su borde suave y la forma en que arropaba sus patitas.

Pero aquel día había un pequeño agujero. A través de él, Tessa veía la madera de la mesa. «Ese trocito no debería estar ahí», susurró. Sostuvo la manta muy quieta, como si al moverla el agujero pudiera crecer.

Sin prisa por decidir

La abuela se sentó a su lado. No le quitó la manta. «¿Te gustaría que te ayudara o prefieres pensar un ratito?», preguntó.

«Pensar un ratito», dijo Tessa. La abuela dejó otra manta sobre el sillón. De una manera u otra, habría algo calentito para dormir. Tessa acarició una hoja verde de la tela vieja. «Quiero quedarme con esta. Pero no sé cómo remendarla».

Tessa, el tejón Bo y la abuela miran una estrella amarilla, un cuadrado rojo y un óvalo verde de tela

Una idea llamó a la puerta

Bo, el tejón, llegó de visita antes de que oscureciera. Vio el agujero y después miró a Tessa, en vez de tirar de la tela.

«¿Quieres escuchar una idea?», preguntó. Tessa asintió. «Podemos elegir un remiendo. La abuela podría coserlo». Bo esperó mientras Tessa pensaba. «Primero quiero mirar los trozos de tela», decidió ella. Le gustó que el siguiente paso consistiera solo en mirar.

Tres pequeñas posibilidades

La abuela abrió la cesta y puso tres remiendos suaves sobre un tapete: un cuadrado rojo teja, un óvalo verde y una estrella amarilla. Después volvió a cerrar la cesta. Las cosas de coser eran para que las usara ella.

«El verde sería tranquilo», dijo Tessa. «El rojo parece una puertecita». Giró la estrella amarilla entre las patas. «Este parece tener un cuento dentro». La colocó sobre el agujero. «¿Probamos con la estrella?»

Un remiendo de estrella amarilla cubre el agujero mientras Tessa y Bo juegan con un ratón de fieltro y la abuela guarda la cesta de costura cerrada

Una estrella inclinada

Con el permiso de Tessa, la abuela reparó la manta. Tessa y Bo miraban desde el otro lado de la mesa. Una pequeña costura unió la tela amarilla con la azul verdosa. Pronto el agujero quedó cubierto y la manta volvió a sentirse entera.

Una punta de la estrella se inclinaba un poquito hacia Bo. «Podemos ajustarla o dejarla así», dijo la abuela. Tessa la miró un rato. «Dejémosla», decidió. «A lo mejor lo está escuchando».

El ratón que visitó una estrella

Bo sacó su suave ratón gris de fieltro. «¿Puede venir Ratón de visita?» Tessa le hizo un hueco junto al remiendo. El ratón de juguete se puso sobre la manta y miró la punta amarilla.

«Había una vez un ratón que quería visitar una estrella», empezó Tessa. Bo hizo que el ratón saludara con una patita. La abuela añadió: «La estrella preguntó si el visitante necesitaba un lugar para descansar». Podían imaginar la visita juntos. El cuento no tenía que ser grandioso. Un ratón, una estrella y una bienvenida bastaban.

Tessa descansa bajo la manta reparada con la estrella, la abuela está a su lado y el ratón de juguete espera en una silla

Escuchar también es participar

La siguiente idea de Bo se convirtió en un bostezo. «No se me ocurre qué pasa después», dijo. «Puedes limitarte a escuchar», le propuso Tessa. Sentó a Ratón junto a la estrella. Durante un ratito, eso fue todo lo que pasó.

Pronto Bo les dio las buenas noches y volvió a casa. Tessa dobló su chaleco amarillo sobre la silla y colocó a Ratón a su lado. La abuela la ayudó a acomodarse en la cama. El remiendo amarillo también vino, sobre una manta muy conocida.

Seguía siendo su manta

La luz de la lámpara abrigaba la estrella amarilla. Al otro lado de la ventana, el jardín estaba tranquilo. Tessa sentía el viejo borde suave junto a sus patitas.

«No es exactamente como antes», dijo. «No», reconoció la abuela. «¿Quieres contarme cómo es ahora?» Tessa sonrió. «Sigue siendo mi manta. Con sitio para un cuento más». La abuela se quedó a su lado sin pedir que empezara el cuento. Ratón podía esperar en la silla. La estrella también. Aquella noche, todos podían descansar.

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mira y aprende

Palabras nuevas

remiendotrozo de tela que cubre una parte gastada o rota
remendarreparar una tela para poder seguir usándola
costuraunión de trozos de tela hecha con hilo
imaginarcrear una imagen o un cuento en la mente

pensemos juntos

Hablemos después de leer

  1. ¿Qué preguntó la abuela antes de ayudar a Tessa?
  2. ¿Por qué eligió Tessa la estrella amarilla? Tú puedes tener otro favorito.
  3. ¿Cómo podría ser un remiendo en tu propio cuento imaginario?
  4. ¿Cómo siguió Bo participando cuando no tenía ganas de pensar más palabras?
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